miércoles, agosto 31, 2005

Ximena y las margaritas

No me pasa desapercibido que no he escrito gran cosa desde hace unos días. Se me atravesó el fin de semana, el lunes fue caótico en la redacción, el martes di uin salto cuántico hacia atrás en el tiempo político al visitar un evento oficial en Nuevo Laredo y en las noches no tenía humor (además de la indispensable soledad). Sin embargo trataré de ponerme al corriente.
Desde la mañana del lunes pensaba en escribir sobre lo siguente: Hay una canción de Joaquín Sabina que empieza así, "Ximena no deshoja las margaritas por miedo a que le digan todas que sí". El verso siempre me ha recordado a mi estimada Ximena Peredo, maestra en la Facultad Libre de Derecho, egresada del ITESM, editorialista de El Norte, directora editorial de la revista del Instituto de la Mujer y aprendiz de activista social.
Nos conocimos hace algunos años cuando yo era reportero de Radio Fórmula y cubría la Comisión de Acceso a la Información, donde ella era miembro del Consejo Ciudadano, aunque yo ya había sabido de ella cuando en su calidad de editorialista más joven del Norte (17 años) publicó un agresivo texto contra la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL, donde estudiaba, y que le valió el odio de buena parte de los estudiantes y maestros pseudoinstitucionales.
Ya en la CAIP, ambos vimos desde nuestras respectivas trincheras la corrupción, los malos manejos, la descrecionalidad y la necedad de la administración pública, y ambos tratamos sin éxito de combatirla y hacer algo por mejorar las cosas, igualmente desde nuestros roles respectivos. Finalmente ella era más libre, yo como reportero tenía que sujetarme a los parámetros popios de mi oficio.
Después pudimos construir algo parecido a la amistad. Junto con mi amigo Alejandro Silva tuvimos largas disertaciones sobre justicia social, democracia, política estatal y otros temas de esos donde la diversión está en masturbarse todas las ideas y libros posibles. En ese sentido nuestro diferendo fue siempre el mismo: Mientras Ximena tenía siempre una visión esperanzadora y hasta cierto punto optimista de las cosas, Silva y yo la abrumábamos con nuestro pesimismo, nuestra visión mas bien oscura de la política, de los medios de comunicación, nuestra poca fe en el ser humano.
Ximena prefería creer en algo, cualquier cosa, pero creer en algo. El idealismo era su motor, la visión optimista que a veces la alejaba de la realidad y que le ha valido más de un detractor entre los lectores de su columna de los lunes, que la tachan de muchachita exatec que no tiene idea de lo que habla, lo cual -al menos en buena parte de los casos- no necesariemente es verdad.
Quizá el pecado de Ximena, más que el idealismo, sea la emoción. La emoción que la hace creer que todo es nuevo sólo porque ella lo acaba de conocer, la emoción que la hacer en ocasiones perder la perspectiva de las cosas, la emoción que la hace buena persona y ciudadana pero no siempre la ayuda a ser una buena intelectual.
Al escribir y pensar en esto, recuerdo mis clases en aulas y en la práctica de periodismo. La frialdad que debe imperar. El desconecte emocional con nuestras fuentes y con lo que vemos. Ese distanciamiento que a veces (al menos en mi caso y ya hablaré a profundidad de ello) resulta más doloroso que la cercanía. La pregunta en todo caso (pues no hay una moral absoluta para esto ni para nada más) sería qué fortalece más: ese distanciamiento emocional que nos ayuda a tener una visión objetiva pero finalmente amarga y desesperanzadora de la realidad, o esa emoción que motiva y echa a andar, pero que nos ciega o al menos nos embriaga hasta perder piso.
Todo esto es a propósito de la columna que publicó este lunes Ximena, donde narra sus golpes contra la pared en su rol de maestra, que a continuación cito:

La catástrofe del posmodernismo se vive claramente en un salón de clases. El desánimo por aprender y por cuestionar, la muerte de la curiosidad y la resistencia a cualquier tipo de idealismo son, hoy por hoy, situaciones que enfrentan maestros y alumnos. El alumnado exige recetas de cocina para enfrentarse al mundo crudo, no idealismos. Por eso pareciera que "el deber ser" está a la baja. Es una enorme tristeza que los maestros teman ser catalogados como anticuados o ingenuos cuando recuperan la pureza de las ideas y más dramático es cuando, contra el desencanto de los alumnos, el maestro no tiene respuesta.
Yo sé que en la universidad, y en general, en la educación que nos forma se debería siempre de anteponer el idealismo. Por sobre cualquier emergencia o coyuntura la escuela debe contestar a las dudas de sus estudiantes con un alto grado de ética. Sin importar que la realidad obligue a violar códigos éticos, la escuela siempre debe mantenerse firme en los principios y debe intentar, en la medida de sus recursos, que sus alumnos recuperen la fe en el ideal. Porque, ¿qué pasa cuando hasta en la escuela el conocimiento se basa en lo práctico y productivo?
(...)
En fin, todo esto lo digo porque la semana pasada tuve un enfrentamiento con mis alumnos. Claro, ahora que soy profesora todo lo veo de muy distinta manera y sí, de repente una se siente inútil hablando de situaciones que parecieran no responder a las carencias de la realidad. La discusión se inició porque estamos estudiando a Maquiavelo. La idea de la violencia constructiva pareció convencer a varios. Maquiavelo creía que cuando un estado se reformaba o se creaba era necesario someter al pueblo, temporalmente, con el fin de construir o reconstruir. Era válido matar, desaparecer, desterrar.
Me llamó la atención la claridad que tenían algunos para afirmar que en nuestro país hacía falta un mandato así, que no fuera condescendiente, que pasara por sobre la ley si era necesario, que eliminara a los rebeldes, que enfrentara a la delincuencia sin miramientos y que, de una vez por todas, pusiera orden en este caos.
¿Cómo contestar a este hartazgo tan bien justificado? ¿Con qué cara se alude a la buena voluntad, a los principios, a la fe, cuando los estudiantes te miran desencantados? Ya ni siquiera hay permanencia en la confianza a las leyes. No hay fe. Ante esta situación, yo maestra, igualmente harta y frustrada de que las cosas no prosperen en el País, me extravío por un rato y temo no ser convincente al defender los derechos humanos. ¿Cómo combatir al desencanto, cómo evitar que la educación apapache al desánimo?

Cierro la cita. Sobra decir que el idealismo de Ximena desapareció al menos por un momento para dejar espacio a esa serie de preguntas que todos alguna vez nos hemos hecho (bueno, no todos; mi problema generalmente es pensar que todos se hacen las mismas preguntas que yo me hago). No pude evitar sentir cierta nostalgia al leer esos cinco mil bites de frustración de puño y letra de Ximena. No porque haya alguna vez compartido ese optimismo -jamás lo he hecho -sino porque a veces es trágico que alguien te dé la razón, y porque aunque nunca estaré del todo de acuerdo con ellos, creo que los optimistas e idealistas sirven de algo en esta enorme y mal aceitada maquinaria llamada sociedad.
Finalmente y tras unos minutos de meditación frente a mi computadora, sólo se me ocurrió repetir un diálgo que escuché hace años en aquella (genial) caricatura Daria: "¿Hasta ahí llegó tu idealismo?".
Ximena deshojó la margarita y contrario a lo que pensaba, todas le dijeron que no, y no es algo que deba alegrar a nadie. Por el contrario, es algo trágico que nos debe entristecer a todos. No por ser Ximena, cuyo nombre e individualidad salen sobrando en este punto, sino por ser uno de nosotros, como regiomontano, como mexicano y como persona. Un gramo más de idealismo y esperanza que se va por el resumidero oscuro y apestoso de la realidad en que vivimos.

6 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Amigo Toño:

Siento como si estuviera frente a una virgen temerosa y adolorida al leer la descripción de Ximena ante sus postmodernos alumnos, sin soslayar que en este momento no hay de otros en las aulas de cualquier escuela, sea laica, gratuita y obligatoria o de las otras, es ahí donde vale la pena dejar a un lado lo políticamente correcto y ser bien gacho.

Los monos que estudian con Ximena serán probablemente los abogados de líderes de opinión (como si la opinión necesitara de líderes), así que parafraseando a una clásica (o sea Pato) "ya nos cargó el puto payaso" (lo de puto es mio), pero a la vez hay la claridad que cuando ellos tomen las riendas de la sociedad sabremos a que enfrentarnos.

Creo que la Xime debe ponerse ungüento para que se le pase el dolor y encontrar palabras para defender el Estado de Derecho y sus consecuentes creaciones para establecer métodos de defensa de los ciudadanos ante los abusos de autoridad, no se puede tener una idealista menos en el mundo, sino ¿a quién le vamos a tirar carro cuando estemos tú, Ximena y yo?

Atentamente:

General, Profesor, Licenciado y padrecito con carrera trunca Alejandro Silva

12:49 p.m.  
Blogger Tramontana said...

Es triste cuando los idealistas dejan de serlo. Aún por segundos o minutos.

Esperaré tus comentarios sobre como el distanciamiento de las fuentes y lo que ven es más doloroso que la cercanía.

1:03 p.m.  
Blogger Proyectos, Trabajos y Galería de fabiancavazos said...

Orale

Silva ataca en el blog y amenaza en crear el propio, estemos atentos!!

Saludos Toño! gracias por la recomendación de la rola, neta qeu somos unos paleros con nosotros mismos!

2:33 p.m.  
Blogger Jaime Garza said...

Creo que lo que le paso a Ximena nos ha pasado a todos los que siendo maestros universitarios, nos hemos enamorado de esa señorita llamada ACADEMIA.

Pero creo que no debe de ser triste, al contrario, Ximena hoy en dia es mas fuerte y sabe que lo que enfrenta en su aula, es el mundo real, asi son las cosas, algunos no estudian o no tienen interes en descubrir algo nuevo por flojos, por falta de vocacion etc. etc etc.

Pero esto no es por culpa de Ximena, de hecho buscar culpables seria un proceso largo y tedioso, "LOS PADRES, EL SISTEMA, LOS ALUMNOS etc, etc, etc

Pero lo que si no estoy de acuerdo, es en que por una desilusion de lo que "deberia de ser", perdamos la emocion para hacer las cosas, creo que esa emocion nos nace del corazon y siempre la llevaremos con nosotros.

El dia que perdamos la emocion, nos volveremos UNO MAS DEL MONTON y eso no debemos de permitirlo.

Animo Ximena, QUE CON UNO QUE SALGA BUENO YA VALIO LA PENA¡

SALUDOS¡

6:07 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Yo aún soy alumna, no de lo derecho pero si de lo que siento podría tener más dialéctica que ética... pero en fin, llegamos a cuestionar tanto al sistema que poco a poco la desilusión no es por la respuesta que nunca encontramos sino por la manera tan subversiva de tratar con el razonamiento del ciudadano con demagócicos diálogos de la esperanza en el cambio por parte del sistema,de todo lo que nos orilla a no reaccionar y quedarnos sin margaritas que deshojar...

zyanya

1:01 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

La enseñanza que nos deja Ximena es que se atreve a decir lo que millones de maestros callan, su aportacion a la enseñanza es percisamente el valor de vertir el mensaje publicamente y no solo tragarse la desilusion frente a la perdida del espiritu critico. Ella sigue adelante; hay que leer lo que su compromiso genera y produce. Seguramente, estoy convencida que sus palabras tendran un impacto en sus alumnos.

4:21 p.m.  

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