martes, noviembre 29, 2005

Aquocalipsis

Originalmente el siguiente texto iba a ser un simple post. Sin embargo, conforme fui avanzando fue tomando tinte un poco más literarios y terminó siendo un extraño híbrido. Quizá por eso me gustó. El caso es que empezó con un tema que leía hace poco por ahí y pues terminó convertido en esto. Salutes.



Hace unos días un científico japonés estuvo de visita en el país para dictar una conferencia en algún punto de la Ciudad de México, no recuerdo el lugar exacto pero varios periódicos locales y nacionales dieron fe de la noticia.
Algunas revistas especializadas de diferente credibilidad dieron fuerte cobertura a la presencia del investigador, pero sobre todo a sus teorías que según se ha leído de este lado de los océanos, han dado mucho de qué hablar en su nación.
Sus libros se han vendido por millones y más de una persona ha tomado sus postulados como el inicio de una nueva perspectiva que podría unir la física, la medicina y la psicología en una sola disciplina.
La importancia del oriental es que según sus estudios, las frases, los estímulos verbales positivos o negativos provocan una reacción física sobre el agua… y no sólo eso, dice además haberlo comprobado.
El sujeto asegura haber realizado experimentos donde le decía palabras “bonitas” o “agradables” a una muestra de agua e insultaba y agredía verbalmente a otra, con lo cual comprobó que en cada caso el agua tenía invisibles reacciones que pudo vislumbrar a través de la congelación: los cristales de agua se conformad de diferente manera si le dicen en cariñoso tono frases como “esa agua bonita, ¿quién la quiere?” a como se congelaría después de un “pinche agua de mierda, seguro te sacaron de una noria donde orinaban los albañiles borrachos”.
Hasta donde reza la nota, los estímulos iban más a palabras sueltas pero de significado bastante claro, y cita particularmente la palabra “imbécil”.
Lo sé. Yo también reí cuando escuché de este hombre y sus experimentos, sobre todo al imaginar la escena del vaso de agua y al japonés cantándole canciones de cuna o vociferando frases de cualquier hooligan, esperando ver la reacción del líquido.
Además, para aquellos que vivimos intensamente la segunda mitad de los ochentas y principios de los noventa, nos es imposible evitar el recuerdo de aquella escena en Los Cazafantasmas 2 cuando experimentan exactamente las mismas reacciones (aunque a un nivel mucho más exagerado) con el llamado ectoplasma (ese líquido viscoso y rosado que dejaban los fantasmas al tocar cualquier cosa), particularmente cuando rellenaban un tostador de pan con él y Bill Murray le cantaba un alegre rock and roll, ante lo cual el tostador reaccionaba de la única manera posible en que reaccionaría un tostador con ectoplasma: bailando. En contraparte, cuando lo insultaban lo suficiente el ectoplasma se ponía al punto de ebullición.
De cualquier forma, la justificación que el japonés da a su investigación es el hecho de que el 75 por ciento del cuerpo humano es agua y por ende, nuestro cuerpo tiene reacciones ya no psicosomáticas, sino físicas a los estímulos verbales.
Las implicaciones son obvias y múltiples: Si osamos llamar “imbécil”, “pendejo”, “hijo de puta” a alguna persona, su cuerpo tendrá reacciones de lo más diversas que se manifestarán en formas que el japonés aun no explica, pero que da por hecho serán poco deseables.
Sobra decir que las teorías del científico generan una infinidad de dudas e ideas. Primero: ¿el agua entiende sólo el japonés o todos los idiomas? ¿Lo que importa es la palabra o la intencionalidad? Porque de ser lo segundo, significaría que la verdad de las relaciones humanas está en la diplomacia, y para evitar cualquier atentado contra la estabilidad psicosomática de una persona bastaría insultarlo con toda dulzura, algo así como “cariño, con todo respeto dirígete a sostener un encuentro de naturaleza carnal con tu progenitora” o “por favor introduce tu dedo medio de la mano derecha en tu cavidad rectal”. Las variaciones son ampliamente numerosas.
Alguien me decía que el significado real de todo esto es que debemos tener en todo momento pensamientos positivos, porque de lo contrario el agua de nuestro cuerpo se manifestaría a través de malestares, depresiones, enfermedades entre otras cosas. Sin embargo, hay preguntas que necesariamente deben plantearse ante estos experimentos: ¿cómo hace el agua para distinguir el parámetro de lo positivo y lo negativo? ¿Hay una inteligencia en el agua? Si alguien vio “El secreto del abismo”, dirigida por James Cameron y protagonizada por Ed Harris se preguntará si en realidad hay extraterrestres que existen a través de eso que los reporteros policiacos llaman “el vital líquido” o si la inteligencia proviene directamente de esa molécula de hidrógeno y aquellas dos de oxígeno.
Los mayas creían firmemente que algo había en el agua más allá de lo visible. La misma palabra Chichén itzá significa algo así como “El pozo de la sabiduría del agua”.
Las posibilidades que se abren son enormes. Piénsenlo: Las mujeres no serían frígidas, simplemente sus hombres no le habrían hablado con la suficiente delicadeza a su vagina y más específicamente, a su flujo vaginal y por ello no se habría dignado a salir para lubricar la cavidad. La cerveza y las bebidas alcohólicas en general no provocarían resaca, pues el malestar no sería otra cosa que una airada reacción negativa del agua que cada bebida contiene, ofendida porque (al igual que las mujeres) no se le habló dulcemente antes de abrirla y tomarla (a la bebida). Igualmente, en inundaciones y catástrofes derivadas de la lluvia, bastaría hablarle con toda humildad y devoción a los ríos y a los mares, al agua en general que corre por las calles para que calme sus ímpetus y nos regrese la tranquilidad tan ansiada y súbitamente arrebatada.
Pero la gravedad de este fenómeno va mucho más allá. Toda esa emotividad en el agua implicaría por consecuencia lógica una volubilidad terrible. Una susceptibilidad constante. Y no sólo eso: Estaríamos hablando de que el agua tiene sentimientos y por ende sería un ser viviente, pensante, con emociones e inteligencia, capaz de percibir los estímulos, de escuchar nuestras palabras. Un ente poblador de tres cuartas partes del planeta, es decir, sería el amo y señor de esta tierra. Una especie de ser todo poderoso y omnipresente, expectante de todas nuestras palabras y pensamientos al estar presente en el 75 por ciento de nuestro cuerpo. Seríamos templos vivos del Dios Agua. El agua estaría en todas partes. En la naturaleza, en nuestra casa, nuestros trabajos, en nuestros cuerpos.
De comprobarse todo esto, rápidamente brotarían grupos protectores de la dignidad acuífera que ante el peso de sus argumentos, cobrarían un alto número de seguidores. Dirían que el agua tiene derechos como ser vivo, que le debemos no sólo cuidado y economía, sino respeto y admiración pues de agraviarla desataríamos su furia intempestiva, una hostilidad sin límites ni misericordia.
De esta forma se crearían cultos y sectas alrededor de esta omnipotencia, Los Testigos del H2O, la Iglesia del Agua del Mar de las Últimas Gotas, etcétera. Y todas tendrían al japonés como profeta y sus estudios como Biblia. Habría otros profetas asegurando que el agua les habla, que les da órdenes, instrucciones, parámetros de conducta, mandamientos. El Agua sería Dios.
En unos años se levantarían pirámides en honor del Agua y lanzaríamos vírgenes a los cenotes sagrados, presas, lagos y mares del mundo. Haríamos danzas a la lluvia. Buscaríamos una comunión con el agua. Todos cambiarían su residencia cerca del mar por motivos religiosos. El agua de consumo se racionaría sólo para motivos religiosos.
La natación sería el deporte más valuado. La orina sería Dios manifestándose a través de nosotros. Pasaríamos los días empapados de Divinidad. Las casas se construirían dentro del agua para que Dios nos acompañe a todas horas. Nuestra fisionomía se alteraría. La evolución se inclinaría hacia lo anfibio. Nos brotarían escamas y aletas, y con los siglos branquias. Seríamos nuevos seres. Acuáticos ahora. La tierra quedaría despoblada. El ser humano comulgaría completamente con su Dios el Agua, esa divinidad con voluntad y principios, caprichosa pero con un orden y una ley, a quien no se deberá injuriar ni agredir pues reaccionaría violentamente, ya toda poderosa.
Y la evolución continuaría. El Agua seguiría absorbiéndonos. Estando todo el tiempo nadando perderíamos las piernas en el proceso evolutivo. Tendríamos sólo aletas y perderíamos dimensiones pues no saldríamos del Agua. Nos reduciríamos. Sería sólo cuestión de tiempo confundirnos con los peces. El hombre desaparecería y la vida volvería totalmente a los mares.
Con la desaparición del principal depredador de este mundo, el resto de los animales también evolucionaría hacia especies con menos defensas, menores tamaños. Unos siglos más y todos seríamos diminutos peces, casi invisibles, como último paso antes de ser plancton y después, tras alguna radiación atmosférica, nada. Todo sería agua y el mundo sería de nuevo un edén. Un paraíso despoblado donde sólo Dios existiría. Nada más.
Entonces nadie recordaría al japonés ni sus teorías, no habría palabras ni memorias porque no habría nadie en todo el mundo. Los libros habrían desaparecido. Los registros, los archivos, todo. Sólo el agua. Ese voluble líquido.
Nadie estaría ya para pensar ante tales acontecimientos que en estos tiempos y estos días que hoy vivimos, la humanidad debió condenar las teorías del japonés, tacharlo de hereje y crucificarlo en lo alto de un monte. Finalmente, si sus hipótesis fueran correctas seguramente resucitaría al tercer día o al menos renacería en un paraíso submarino.

Antonio Argüello
26 de noviembre de 2005

6 Comments:

Blogger Tramontana said...

Jajaja Toño, me tenías en el piso de la risa.

1:05 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Conoces Zacatecas wey?
Por que hasta allà te la jalaste!

5:21 p.m.  
Blogger AlexSilvaAlex said...

Le hubieras ayudado, Dani.

7:18 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Che Silva!
Es tu amigo, no necesita ayuda para eso

10:30 a.m.  
Blogger Proyectos, Trabajos y Galería de fabiancavazos said...

pues yo estaba de acuerdo contigo hasta el momento en que dices del cazafantasmas hace bailar a la cafetera o tostadora... (lo que sea) y el otro tiene sexo con el limo rosa para que se haga buena onda... pero ya cuando llegaste al siguiente parrafo no hice más que doblarme de la risa, o neta que te la fumaste muy verde o estas comiendo el plátano con cáscara... de todas maneras estuvo con madres este post!!! weeeeey hasta se me descongestionó la nariz de la risa y pude respirar de nuevo!!!

te mandaré a tí ya Silva un regalito que me dieron, esperalo pronto

12:04 a.m.  
Blogger Laudanum said...

Una vez un alguien me dijo que el orígen del hombre estaba en el agua, que debíamos traer siempre con nosotros algún elemento que nos recordara el mar.
Yo traigo siempre un caracol, e igual que el mar, cuando hay luna llena, estoy en marea alta.

Interesante disertación.
Saludos Sr. Argüello.

1:30 p.m.  

Publicar un comentario

<< Home